Notas al Programa
Domingo 8 de agosto del 2010, 8:30 pm
Sinfonía No. 4 en Si Bemol Mayor, Op. 60
Ludwig v. Beethoven
La alegría y la serenidad que irradia esta obra de Beethoven contrastan con el carácter trágico de su tercera sinfonía.
Quizás esto se deba al hecho de que gestación de la 4ta. Sinfonia se produjo en el verano de 1806 mientras Beethoven pasaba una temporada de descanso en los campos de Hungría junto a la familia Brunswick, en su castillo de Martonvasar, donde se mantenía en frecuente contacto con la naturaleza.
El estreno de esta obra se efectúo en Viena en el año 1807, en un concierto a beneficio del autor, organizado por el príncipe Lobkowitz, gran amigo y mecenas de Beethoven. El publico la recibió más favorablemente que la sinfonia anterior, la tercera, pues se trataba de una obra de estilo más tradicional y comprensible.
La Sinfonía No. 4 en Si Bemol Mayor, Op. 60” consta de cuatro movimientos: El primero, “Adagio, Allegro vivace”, en forma-sonata, se inicia con una lenta introducción, sombría y algo misteriosa, cuyo tema presentan las cuerdas. Sigue el “Allegro vivace”, con un primer tema alegre e impetuoso de los violines.
Un segundo tema se escucha en las voces de las maderas fraccionando entre el fagot, el oboe y la flauta. La exposición concluye con un episodio final cuyo motivo inicia el clarinete.
Continúa un desarrollo relativamente breve si se compara con los elaborados desarrollos habituales de Beethoven. En el final de éste las cuerdas van insinuando y preparando la recapitulación con el regreso al tema inicial del “Allegro vivace”.
El segundo movimiento es un “Adagio”, reposado y de profunda belleza. Tiene forma ternaria con algunas variantes melódicas en la sección final. El tema inicial lo presentan los primeros violines y luego lo toman las maderas. La segunda sección se inicia con un nuevo tema del clarinete, lleno de nostalgia.
El tercer movimiento “Allegro vivace”, presenta una innovación importante: Beethoven no usa aquí los nombres habituales de los terceros movimientos de las sinfonías: Minué o Scherzo, sino que se limita a indicar el grado de rapidez del movimiento del compás (Allegro vivace): pero por el carácter de la música, este tercer movimiento es un verdadero Scherzo. El trío “Un poco meno Allegro”, es un tanto menos movido.
El cuarto movimiento es una “Allegro ma non troppo” en forma-sonata. Los rápidos y constantes pasajes de las cuerdas imprimen la música el carácter de “un moto perpetuo”, lleno de alegría. Al finalizar, Beethoven, por breves momentos, crea la sensación de que el movimiento pierde su energía duplicando la duración de las notas del motivo inicial, es decir, cambiando las semicorcheas por corcheas, creando así la impresión; de que la obra va a terminar, pero esto es sólo momentáneo, como si se tratara de una broma, pues el movimiento termina con la misma agitación con que comenzó.
Sinfonía no. 3, en Mi bemol, Op. 55
Ludwig v. Beethoven
Los primeros bosquejos de esta sinfonía datan del año 1862 pero no fue concluida hasta 1804. en ese mismo año se estrenó en audición privada en el palacio del príncipe Lobkowitz, bajo la dirección del propio Beethoven. Su primera audición pública se efectuó el 7 de abril de 1805 en Viena, dirigida también por su autor.
Esta obra constituye un paso gigantesco en la vida de Beethoven como compositor: es su primera obra sinfónica de estilo propio, sin ataduras a la tradición clásica y sin influencias de sus maestros.
Se ha especulado mucho con respecto al origen de esta obra. Sin duda la sinfonía fue inspirada por la admiración que Beethoven sentía por Napoleón Bonaparte. A pesar de sus estrechas relaciones con los círculos más aristocráticos de Viena, Beethoven profesaba ideas democráticas que lo identificaban con los principios de “libertad, igualdad y fraternidad” que sustentaba la Revolución Francesa. Ferdinand Ries, discípulo de Beethoven, asegura haber visto escrita la palabra “Buenaparte” en el extremo superior de la portada de una copia de la partitura de la sinfonía; y el nombre de “Luigi van Beethoven”, en el extremo inferior. Añade Ries que cuando dio a Beethoven la noticia de que Napoleón se había proclamado Emperador, exclamó colérico: ¡Al fin y al cabo no es más que un hombre vulgar que terminará en convertirse en tirano! Se dirigió entonces a su mesa de trabajo, tomó la partitura, rompió la portada y la arrojó al suelo. Algún tiempo después la portada fue escrita nuevamente llevando el nombre de “Sinfonía Heroica”. En octubre de 1806 se publicó con el nombre de “Sinfonía Heroica”… compuesta en recuerdo de un gran hombre”. El conde Lichnowsky, testigo presencial del hecho, había relatado este incidente varios años antes que Ries. No obstante, algunos musicólogos dudan de su veracidad.
La obra tiene cuatro movimientos: el primero, “Allegro con brío”, se inicia con dos secos acordes de la orquesta. Inmediatamente después de los cellos exponen el primer tema, de solo cinco compases, que Beethoven transforma genialmente hasta caer en un segundo tema de carácter lírico con imitaciones del oboe, el clarinete, la flauta y los violines primeros. Después de un elaborado desarrollo en el que se introducen además nuevas ideas, se llega a la recapitulación para terminar con una coda de grandes proporciones que parece más bien un nuevo desarrollo. El segundo movimiento, “Marcha fúnebre (Adagio assai)” es una de las más bellas páginas de este género escritas en la música.
El tema inicial, profundo y de extraordinario patetismo, está en la tonalidad de Do menor. Lo exponen las cuerdas y luego le repite el oboe. Un segundo tema, en tono mayor, que expone el oboe con contestaciones de la flauta, trae un poco de luz al ambiente sombrío que predomina en todo el movimiento. Luego se vuelve al tema inicial para concluir con una coda. El tercer movimiento, “Scherzo (Allegro vivace)” contrasta con los tiempos anteriores por su ligereza y rebosante alegría. En el trío se oyen las trompas en un característico toque de caza. El cuarto movimiento, “Finale (Allegro molto)”, es un tema con variaciones. Beethoven introduce en esta obra una innovación al usar esa forma musical como último movimiento de una sinfonía, pues tradicionalmente se usaba la forma-sonata o la forma rondó. Este movimiento se inicia con una enérgica frase de las cuerdas que sirve de introducción al primer tema, expuesto por las cuerdas tocando en pizzicato. Luego siguen diez variaciones de las cuales la octava tiene forma fugada. El movimiento concluye con una coda.
Lunes 9 de agosto del 2010, 8:30 pm
Sinfonía No. 1 en Do Mayor, Op. 21
Ludwig v. Beethoven
No hay datos precisos sobre la fecha en que se compuso esta sinfonía. Los primeros apuntes de esta obra aparecen en el libro de notas de Beethoven en el año 1794 y se cree que fue terminada en 1799; pero su estreno no se realizó sino el 2 de abril de 1800, en Viena, en un concierto organizado y dirigido por el propio Beethoven.
Aún cuando la obra señala marcadas influencias en Haydn y Mozart, los acordes disonantes con que se inicia y la rapidez y carácter del tercer movimiento revelan ya la presencia de un músico que se adelanta a su época.
La sinfonía no. 1, en Do mayor, Op. 21, consta de cuatro movimientos: el primero de éstos, “Adagio molto. –Allegro con brío”, se inicia con una lenta introducción que comienza con un acorde disonante, verdadera audacia en aquella época. Sigue el “Allegro con brío” cuyo primer tema, vigoroso, exponen los primeros violines. El segundo tema, de carácter lírico, se inicia con un dialogo entre el oboe y la flauta que luego pasa a los violines. Después de un breve desarrollo se cae en la recapitulación, para concluir con una coda elaborada sobre el tema inicial del “Alegro”. El segundo movimiento, “Andante cantabile con moto”, está elaborado sobre un delicado y gracioso tema expuesto en forma fugada que inician los segundos violines. El tercer movimiento es un “Minuetto. (Allegro molto e vivace)”. Quizás sea éste el movimiento más interesante de la sinfonía por la novedad que presenta: Beethoven usó aquí el término Minuetto sólo para conservar la forma tradicional del tercer movimiento de las sinfonías; pero el rápido movimiento del compás y el carácter juguetón de la música hacen olvidar por completo la majestuosa danza cortesana tan característica del siglo XVIII. Sólo se conserva de ella su estructura original. Este tercer movimiento tiene mas bien el carácter de un scherzo, forma que más tarde Beethoven introdujo por primera vez en su 2da. Sinfonía, en sustitución del clásico minué. El cuarto y último movimiento es un “Adagio. –Allegro molto e vivace” cuyo tema principal, alegre y ágil, aparece tímidamente y con indecisión: después de oír sus tres primeras notas el tema se interrumpe brevemente para oírlo de nuevo con cuatro notas. Se produce una segunda interrupción. El tema toma impulso nuevamente con cinco notas, luego seis, siete, hasta quedar en suspenso con una nota tenida. Después comienza el “Allegro”, que presenta el tema completo a una velocidad vertiginosa.
Sinfonía No. 8 en Fa Mayor, Op. 53
Ludwig v. Beethoven
Beethoven escribió su Octava Sinfonía en el año 1812, cinco meses después de la Séptima. Es la más corta de sus Sinfonías exceptuando la Primera; por eso la llamó su “Pequeña Sinfonía”. Beethoven comenzó a componer esta obra durante su estadía en el Balneario de Teplitz (Bohemia) donde había ido en busca de salud y la terminó en Linz un mes y días después. Su estreno se realizó en una audición privada en la residencia del Archiduque Rodolfo el 20 de abril de 1813. su primera presentación pública tuvo lugar en Viena un año más tarde, el 27 de febrero de 1814. En esa ocasión la obra se ejecutó en un concierto en que también figuraban la Séptima Sinfonía y la “Victoria de Wellington” del propio Beethoven. Debido a la deficiente ejecución de una orquesta mediocre la obra fue recibida fríamente por el público.
La Octava Sinfonía no posee la grandiosidad que tienen las sinfonías de Beethoven a partir de la tercera, pero se destaca por su frescura y alegría. No han faltado críticos que la consideren como un retroceso del compositor a su primera época, fundamentando su criterio en la poca extensión de la obra, su sencillez y la vuelta al uso de minué como tercer movimiento de la sinfonía, danza que el propio Beethoven ya había reemplazado por el “scherzo”. No por eso la Sinfonía carece de atractivo: su gracia, humorismo y elegancia la sitúan como un paréntesis entre el torbellino rítmico de la Séptima y la grandiosidad de la Novena.
La Octava Sinfonía consta de los cuatro movimientos tradicionales pero en ella Beethoven sustituye el acostumbrado movimiento lento por un “Allegreto scherezando” que le imprime a la obra un carácter humorístico.
El primer movimiento, “Allegro vivace e con brío”, tiene forma-sonata. De manera decidida la orquesta inicia este movimiento con un tema de ritmo ternario y carácter alegre al que sigue un segundo tema, flexible y ondulante, lleno de gracia. Continúa con un corto desarrollo a base de modulaciones del primer tema. Después de la reexposición, el movimiento concluye con una extensa “coda” que inicia el clarinete exponiendo el tema primero con la tonalidad de re bemol, siguiendo luego la orquesta con reminiscencias de aquel.
El segundo movimiento, “Allegretto Scherzando”, se caracteriza por su humorismo. Está basado en el tema de un “canon” que Beethoven dedicó a Matzel, inventor del metrónomo, aparato mecánico que permite marcar con exactitud el grado de rapidez del compás en la música. Los oboes, clarinetes, fagotes y trompas inician el movimiento con un marcado ritmo que imita los monótonos golpes de metrónomo y acompaña a un gracioso tema de los violines. Luego se escucha un segundo tema que no es más que una imitación del primero. Después de una recapitulación de ambos, el movimiento termina con una breve “coda”.
El tercer movimiento, “Tempo di menuetto”, revela un regreso del compositor a su primera época al recurrir a una forma musical que ya él había abandonado. El minué de esta Sinfonía tiene un corte puramente clásico, al estilo de los Haydn y Mozart, pero con un definido sello Beethoveniano. En el Trío, de ambiente rústico, las trompas y el clarinete tienen un papel preponderante.
El cuarto y último movimiento, “Allegro Vivace”, es el más largo de todos. En su forma es una combinación de sonata y rondó. Se inicia con un “pianissimo” de los violines exponiendo el primer tema, de carácter alegre que luego repite toda la orquesta en un vigoroso “fortíssimo”. El segundo tema es amable, lo exponen también los violines y luego las maderas. Sigue un corto desarrollo que conduce a la recapitulación para concluir con una extensa “coda” elaborada con los dos temas principales del movimiento, a manera de un segundo desarrollo.
Sinfonía No. 5 en Do menor, Op. 67
Ludwig v. Beethoven
Beethoven compuso su 5ta Sinfonía en el año 1807, pero en su libro de notas aparecen, entre los años 1800 y 1801, bosquejos de una sinfonía en Do menor. El estreno de esta obra se efectuó en Viena el 22 de diciembre de 1808 en un larguísimo concierto dirigido por el propio Beethoven. El programa incluía, además, otras obras suyas: la sexta sinfonía, que también se estrenaba en esa ocasión, el cuarto concierto para piano, la Fantasía Coral, varios trozos de la misa en Do, un aria y una improvisación al piano como gustaba en esa época. La orquesta estaba formada en su mayoría por aficionados y, a causa de la sordera casi total de Beethoven, el director y los músicos no se entendían. Por consiguiente, el concierto fue un rotundo fracaso.
Sin embargo, el público salió con la impresión de haber escuchado una obra importante, y la 5ta Sinfonía tuvo buena acogida cuando se ejecutó en Leipzig al año siguiente de su estreno en Viena.
Goethe, que nunca fue devoto de la música de Beethoven, cuando a instancias de Mendelssohn escuchó esta obra, sacudido por su extraordinaria fuerza exclamó: ¡Es tremendo, parece como si se derrumbara la casa!
Con frecuencia se ha querido asociar esta obra con ideas extramusicales como si se tratara de música programática. Unas veces se le ha llamado “Sinfonía del Destino” o “Poema del Destino”, pues se cuenta que en una ocasión en que preguntaron a Beethoven el significado del las cuatro notas con que comienza la sinfonía, éste respondió: “Así llama el Destino a la puerta”. Lenz, gran estudioso de la música de Beethoven, la llamó “Tragedia del destino del mundo. Lucha y Victoria”.
La instrumentación de esta sinfonía es mucho más compleja que la de las anteriores: Beethoven emplea por primera vez en esta obra instrumentos como el flautín, el contrafagot y los trombones, no usados en sus anteriores sinfonías.
Sus cuatro movimientos son:
I Allegro con brío
II Andante con moto
III Allegro
IV Allegro
El primer movimiento, “Allegro con brío”, tiene forma-sonata y se inicia con un tema que consta solamente de cuatro notas. Este tema no sólo constituye la espina dorsal del primer movimiento sino que su esquema rítmico se escucha a través de toda la obra. Sólo el genio de Beethoven ha podido explotar la fuerza dramática y rítmica de estas cuatro notas para construir casi en su totalidad el primer movimiento de esta sinfonía.
Un segundo tema, de carácter lírico, es introducido por los violines, con respuestas del clarinete, mientras cellos, contrabajos y violas mantienen el patrón rítmico del tema inicial. Después de la exposición sigue un desarrollo estructurado a base de modulaciones del primer tema a tonalidades diferentes. Sigue la reexposición y luego una “coda” de tan grandes proporciones que puede considerarse como un segundo desarrollo.
El segundo movimiento, “Andante con moto”, es de carácter lírico y está elaborado sobre dos temas principales que Beethoven presenta a manera de variaciones que concluyen con una coda. El tercer movimiento, “Allegro”, en su forma es un “Scherzo”, pero Beethoven no aplicó ese término musical a este movimiento de la sinfonía, tal vez porque el carácter misterioso de sus temas lo apartan del espíritu juguetón de esa forma musical.
En este movimiento aparece de nuevo el esquema rítmico del primer movimiento, ahora en ritmo ternario. En el Trío, un nuevo tema en forma fugada aparece primero en los contrabajos, luego en las violas y finalmente en los segundos y primeros violines. Después del trío vuelve a escucharse el tema inicial y luego un puente que sirve de enlace con el cuarto movimiento. Este último movimiento, “Allegro”, se inicia con un tema de carácter triunfal: es un himno de victoria como si la luz surgiera después de las tinieblas. Tiene forma-sonata y se inicia con un “tutti” fortísimo de la orquesta. Al final del desarrollo aparecen reminiscencias del esquema rítmico que predomina en toda la obra, pero el tema triunfal se impone y el movimiento concluye en un desenfrenado “Presto” que sirve de “coda”.
El tercer y cuarto movimiento se ejecutan sin interrupción.

